Innovación, tecnología y genética: lo que necesita la industria

Marlene Ayala, encargada del Salón de las Cerezas en la Fruittrade 2026 dice que para que la industria salga de la crisis se necesita trabajar en nuevas variedades, innovación, tecnologías y en una mirada a largo plazo que impulse a Chile como referente de exportación.

Las últimas temporadas, como se sabe, han sido complejas para la industria cerecera. Pero más allá de lo que se haga en temas comerciales y de logística, a nivel productivo también se pueden aplicar acciones para buscar mejorar los resultados, especialmente en términos de variedades —tempranas y tardías— adecuadas a cada zona; innovaciones y tecnología que aporten a la producción, junto con poner atención al fenómeno climático actual, que puede afectar duramente a los cerezos en primavera, época de desarrollo de la fruta.

De esto, y mucho más, es de lo que se va a hablar en el Salón de la Cereza de Fruittrade 2026, el mayor evento del sector frutícola, organizado por Fedefruta y Revista del Campo y que este año se realizará el 29 y 30 de septiembre en los jardines de El Mercurio.

Marlene Ayala, académica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y encargada del salón, resalta que el programa abordará “los principales desafíos de la industria desde la producción, el mercado y la innovación. Participará un expositor que abordará temas de innovación y sostenibilidad, además de académicos y consultores especializados. Entre los expositores estarán Juan Pablo Zoffoli, quien expondrá sobre aspectos productivos y de postcosecha; Manuel Alcaíno, que analizará la situación y perspectivas del mercado de la cereza; y la profesora de la Universidad de Chile, Marcela Esterio, quien presentará Check Fast Cherry, una herramienta para el diagnóstico rápido de enfermedades, especialmente botritis”.

El objetivo, dice, es ayudar a obtener buenos rendimientos sin comprometer la calidad de la fruta y entregar herramientas para enfrentar un año que probablemente estará marcado por condiciones climáticas complejas durante la primavera, época para la cual se anuncian lluvias que podrían impactar los resultados.

—¿Qué factores son los que se pueden trabajar?

Uno de los más importantes es realizar un buen conteo de flores y regular adecuadamente la carga, es decir, definir cuántas yemas y frutos se dejarán en el árbol. Esto implica podar y ajustar la carga para alcanzar un rendimiento determinado, pero con fruta grande, dulce, firme y con buena condición de postcosecha.

El trabajo debe orientarse a que la fruta cosechada llegue en óptimas condiciones al mercado asiático, que es el principal destino de las cerezas chilenas. Eso significa evitar desórdenes fisiológicos, machucones, partiduras, microcracking y pardeamiento.

Otro aspecto fundamental es la prevención de los estreses abióticos, especialmente en un contexto de cambio climático. Las olas de calor, las bajas temperaturas, las lluvias inesperadas, las heladas y la sequía afectan el desarrollo del árbol desde el verano, cuando comienza a formarse la yema. Si el árbol enfrenta estos estreses durante la temporada, es muy probable que tanto el rendimiento como la calidad de la fruta se vean afectados al momento de la cosecha.

—¿Cómo se previene ese estrés considerando que son factores de la naturaleza?

Existen distintas estrategias para reducirlo, como el uso de pantallas solares, aplicaciones de productos protectores durante el verano, sistemas de control de heladas y herramientas para evitar daños por radiación solar en la madera, las hojas y la fruta. El manejo del estrés es hoy uno de los pilares de la producción.

—¿Hay cambios en la nutrición de los árboles?

También cumple un rol clave. Actualmente existe un fuerte énfasis en lograr una nutrición balanceada y muy precisa durante el corto periodo que transcurre entre la floración y el desarrollo del fruto. Para ello se utilizan estrategias de fertilización foliar y al suelo, buscando que nutrientes como calcio, nitrógeno y potasio lleguen de manera rápida y eficiente a la fruta.

En los últimos años estas estrategias nutricionales han evolucionado considerablemente, permitiendo un manejo mucho más preciso y acorde con las necesidades del cultivo.

—¿Cuáles son las principales innovaciones que están transformando la producción de cerezas?

La principal innovación siempre será la genética. La genética de la variedad y la del portainjerto son el punto de partida. Incorporar nuevo material genético a Chile, o incluso desarrollar material propio, es fundamental porque permite adaptarse tanto a las exigencias del mercado como a las nuevas condiciones climáticas que enfrenta la producción.

Sin embargo, eso no siempre es fácil. Muchas veces el material genético importado no funciona como se esperaba o el proceso de validación toma varios años. Ahí es donde la tecnología pasa a cumplir un rol clave.

—¿Por ejemplo?

Un ejemplo es el uso de cianamida hidrogenada, que permite que variedades con mayores requerimientos de frío puedan producir adecuadamente en zonas donde ese frío no se acumula naturalmente. En los últimos años, además, se han incorporado promotores de brotación que se aplican junto con la cianamida o de forma independiente para homogeneizar la brotación, la floración y, posteriormente, la cosecha.

Todas estas son herramientas que ayudan a compensar la falta de material genético ideal.

También ha evolucionado la nutrición del cultivo. Hoy existen fertilizantes y formulaciones mucho más sofisticadas, diseñadas para que los nutrientes estén disponibles exactamente en el momento en que la flor o el fruto los necesitan. En cerezo, el momento de aplicación es tan importante como el nutriente mismo, por lo que la eficiencia de estas herramientas ha cobrado un valor enorme.

También ha crecido mucho el uso de bioestimulantes y reguladores de crecimiento. Algunos se aplican muy temprano en la temporada para favorecer el cuajado y el crecimiento inicial del fruto. Otros se utilizan antes del otoño para preparar al árbol para el invierno, e incluso existen productos capaces de retrasar la cosecha cuando eso resulta conveniente desde el punto de vista comercial.

—¿Y en términos de sustentabilidad?

Se utilizan cada vez más microorganismos benéficos, junto con enmiendas como ácidos húmicos y fúlvicos, para mejorar la biodiversidad del suelo, favorecer el desarrollo radicular y aumentar el bienestar general del árbol. Además, estas prácticas contribuyen a la captura de carbono y ayudan a disminuir la huella ambiental de los huertos.

En paralelo, también los drones para distintas labores agrícolas. Es una tecnología que aún está en evaluación y cuyos resultados dependen mucho de cada situación, pero existe un interés creciente por integrarla a los sistemas productivos.

Finalmente, el uso de imágenes satelitales y fotografías aéreas para monitorear los huertos. Estas tecnologías permiten detectar diferencias entre sectores del campo, identificar problemas de riego, estrés hídrico, vigor vegetativo o posibles focos de enfermedad, facilitando un manejo mucho más preciso y oportuno.

—¿Qué cambios se perfilan en términos de variedades, pensando en las exigencias de los mercados?

Actualmente buscamos dos grandes grupos de variedades: las tempranas y las tardías.

Las variedades tempranas son especialmente importantes porque permiten cosechar entre fines de octubre y mediados de noviembre, antes de que aumente significativamente la oferta chilena. Se plantan principalmente desde O’Higgins hacia el norte, en zonas de menor acumulación de frío, y se complementan con cubiertas plásticas, mallas, cianamida hidrogenada y otras herramientas para adelantar la floración y la cosecha.

Estas variedades requieren bajo frío invernal y deben ser capaces de producir fruta de excelente calidad. Ese es justamente el gran desafío: encontrar variedades que no solo sean tempranas, sino que además entreguen fruta grande, firme, dulce y con buena condición de postcosecha.

En el otro extremo están las variedades tardías, que se ubican principalmente en zonas más frías del sur o de la precordillera, como sectores cordilleranos de San Fernando o Talca. Su objetivo es extender la temporada y aprovechar un momento en que disminuye la oferta y los precios vuelven a mejorar, aunque generalmente no alcanzan los valores de las variedades más tempranas.

También creo que en los próximos cinco años veremos la incorporación de solo unas pocas variedades nuevas. No espero una revolución genética inmediata, sino la consolidación de las variedades que ya han demostrado buen desempeño, complementadas con un par de nuevas alternativas, principalmente tempranas.

FEDEFRUTA FEDERACIÓN GREMIAL

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *