Miércoles 15 de Agosto de 2018

Las tareas pendientes de Chile en agricultura de precisión

Marzo 26, 2018

Si bien no existen estudios oficiales, según el ingeniero agrónomo Rodrigo Ortega, en Chile solo el 5% de los productores usa algunas de las prácticas de agricultura de precisión, cifra muy por debajo de otros países.

Producir alimentos se ha vuelto cada vez más complejo. Cambio climático, con sus alzas y bajas de temperatura y menor disponibilidad hídrica y de tierra arable por el aumento de la urbanización, son los principales factores que se contraponen con la necesidad de crecimiento.

Ello implica hacer una producción más eficiente, pero también más amigable con el medio ambiente, y allí es donde la agricultura de precisión aparece como la respuesta, sostiene Rodrigo Ortega, agrónomo, académico y socio fundador y representante para Chile de la Sociedad Internacional de Agricultura de Precisión, y uno de los organizadores del Primer Congreso Latinoamericano de Agricultura de Precisión, que se realizará en la segunda semana de abril en Chile.

A pesar de que a nivel global esta tecnología crece en forma importante. De hecho, en Expoagro 2018, en Argentina, hubo un espacio específico para este tema -Tecnódromo- donde cada día se presentaron innovaciones que van desde el control de malezas en barbecho hasta la cosecha. Se podían observar, por ejemplo, equipos automatizados y robóticos, o máquinas con nuevos sensores electrónicos, scanner, cámaras e inteligencia artificial, con softwares. Aún más, en Estados Unidos, de acuerdo con los especialistas, cerca del 75% de los agricultores utiliza algún tipo de tecnología de precisión. Saber qué ocurre en Chile es complejo, ya que, según los expertos, no hay registros que permitan dimensionarlo, aunque de acuerdo con Ortega no más del 5% uitiliza alguna tecnología de precisión.

Quizá parte de eso explica que pocos entienden de qué se habla cuando se trata de agricultura de precisión, concepto que muchos asocian básicamente a drones, pero que en realidad es mucho más que eso.

Ortega explica que se trata de “la aplicación de manejos agronómicos adecuados, en el tiempo y lugar indicados, con la ayuda de herramientas basadas en tecnología de información y comunicaciones”. Así, sistemas aéreos remotamente pilotados (SARP), tractores autónomos (que ya recorren los campos cumpliendo sus tareas sin un conductor humano), captura de datos e imágenes del suelo, sensores remotos para medir la variabilidad del agua, big data y sistemas de posicionamiento global (GPS) son solo algunas de las herramientas que se han vuelto imprescindibles para producir con poco, lo mismo o más. Y simultáneamente al optimizar los manejos, disminuir el impacto en el medio ambiente, logrando que el sector se vuelva cada vez más sustentable.

Aunque son muchas las tecnologías que se han desarrollado en los últimos 25 años, el profesor Raj Khosla señala que las que tienen mayor presencia son la automatización y la robótica, ya que la mayoría de los aspectos de la agricultura requieren mucha mano de obra. “Podríamos tener un cuadro de robots pequeños o grandes maquinarias que atraviesen los campos y, por ejemplo, saquen las malezas sin tener que aplicar pesticidas. O salir al campo y plantar de noche”, agrega Khosla.

Además, explica que se están desarrollando nuevas tecnologías de detección para determinar lo que limita la producción de los cultivos. “La información está muy restringida al salir al campo. Uno debe tomar la muestra física, prepararla, enviarla al laboratorio, realizar el análisis, devolver los informes de laboratorio, en lugar tomar la decisión. Es mucho tiempo y muy costoso”, agrega el profesor que fue reconocido como el educador del año en agricultura de precisión. Él sostiene que esto debería cambiar con la implementación de sensores, que con solo tenerlos en la mano o montarlos en el tractor digan qué es lo que limita la producción.

Y así como hay tecnologías que se utilizan más, hay áreas de la agricultura que invierten más en mecanismos que optimicen los insumos y maximicen los productos y el retorno neto en dólares. “Cultivos de alto valor como las papas, la caña de azúcar, el algodón o frutas y verduras son las producciones donde hay más atracción para estas nuevas formas de hacer agricultura, porque es más fácil justificar mayores niveles e inversión”, aclara.

Mejorar y reducir…

 A nivel global se ha demostrado que el uso de herramientas de precisión en la agricultura genera beneficios productivos, económicos y ambientales, explica la directora nacional del Área Agropecuaria y Agroindustrial de Inacap, Cecilia Gutiérrez, quien trabaja en un proyecto que apoyará a  productores de frutillas en San Pedro, Melipilla.

“Ellos no tienen grandes tecnologías, por lo que no pueden saber cuáles son las diferencias que existen a nivel de huertos. Si conocieran bien el terreno podrían aplicar de manera diferenciada los fertilizantes, y no uniforme como hasta el momento lo han hecho”, señala.

Precisamente eso es lo que permitirá utilizar maquinarias que incorporen tecnologías de medición que, por ejemplo, al recorrer un campo fueran registrando con los sistemas computacionales actuales cómo es ese suelo.

Esa información, bien interpretada, permitiría hacer un manejo del campo que implicara mejores resultados económicos -al optimizar el uso de los recursos y disminuir costos-, aumentar el rendimiento por hectárea, mejorar la calidad y disminuir el impacto del agro en el medio ambiente, al fertilizar o fumigar solo en las cantidades que realmente requiere la planta.

 “En Chile, la eficiencia del nitrógeno es de apenas 40%, muy baja. El resto se va directo a contaminar el agua y el aire. Si nosotros aplicáramos tecnologías de precisión podríamos llegar a tener fácilmente al 75% de eficiencia. Ahorraríamos en recursos, tendríamos una mejorar calidad y el impacto ambiental sería mucho menor”, explica Rodrigo Ortega.

 Otra ventaja, que hace que la agricultura de precisión cobre especial relevancia, es que ofrece mecanismos que dan solución a los problemas que se han originado por el cambio climático y la escasez hídrica. Así, herramientas como el monitoreo de los sistemas de riego son una ayuda para ahorrar agua que, según un estudio realizado por la Universidad de Chile, presenta menos del 50% de eficiencia en el 91% de las plantaciones agrícolas.

La barrera que limita a Chile

A pesar de que a nivel global, y de acuerdo con lo que plantean los expertos, el aporte de la agricultura de precisión es claro en términos de competitividad, para el agro nacional no ha sido fácil incorporarla.

Si bien en el pasado los problemas se relacionaban con los altos costos que implicaba su implementación, ellos han tendido a disminuir; sin embargo, en la actualidad uno de los principales problemas es la falta de conocimiento para interpretar los datos que se logran recabar. Y sin el procesamiento adecuado, los equipos no agregan valor al agricultor. Y si bien a nivel de empresas existe apoyo, cuando se llega a los niveles de operarios, se produce un gran déficit de capacitación.

 “Las empresas han entendido que tienen que entrar a apoyar a sus proveedores y también a sus campos en términos de mejorar la gestión productiva. Se está produciendo un despegue. Sin embargo, a nivel de mercado es bastante estrecho, ya que existe una brecha entre el usuario, que está trabajando en terreno, y el conocimiento, que está como a 10 kilómetros arriba de la cabeza de ese señor. La tecnología sigue siendo compleja para ellos”, señala el especialista en agricultura de precisión del INIA Quilamapu, Stanley Best.

De acuerdo con los especialistas, es esta situación la que ha impedido que Chile avance al mismo nivel que otros países, como Estados Unidos, Argentina y Nueva Zelandia, que sí han logrado implementar en sus campos tecnologías de precisión. Según Rodrigo Ortega, en el país la penetración no superaría el 5%.

“Chile tiene que tener un rol más protagónico e incorporar los mecanismos que han llevado al desarrollo a países como Holanda, que a pesar de tener una superficie de 41.453 km2 tiene el 43% del mercado mundial de flores”, señala Geraint Lacey, gerente general de Agrobolt, empresa especializada del rubro.

 Otro aspecto en el que, desde el punto de vista de Ortega, debe trabajar Chile es en el desarrollo de nuevas tecnologías de precisión para aplicar en aquellas industrias en las que el país es líder, para luego entrar a comercializar con otros países.

Una forma de impulsar esto, dice, sería contar con legislaciones que permitan el desarrollo de estas tecnologías. De hecho, la Ley Agrícola de Estados Unidos y la Política Agrícola Común Europea contemplan artículos que buscan potenciar estas herramientas e incluso mejorar la capacidad técnica de los agricultores. Aún más, en Australia han desarrollado mecanismos para financiar capacitaciones, mejoras tecnológicas y desarrollo en innovación.

Ante esto, Rodrigo Ortega señala que los agricultores chilenos deben adoptar medidas similares, obligados por las barreras internacionales.

“El hecho de que Chile exporte es un tremendo beneficio, porque los productores se ven obligados a cumplir reglas y ciertos parámetros que tal vez nunca hubiesen cumplido. Se ven obligados a tener buenas prácticas”, señala el ingeniero agrónomo de la U. Federico Santa María, quien agrega que si los campos fueran homogéneos no se justificaría la agricultura de precisión, pero existe gran variabilidad, que lleva a que un suelo pueda entregar desde 0,1 a 1 kilo de nitrógeno por hectárea por día.

Fuente: Revista del Campo

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