Miércoles 15 de Agosto de 2018

Boom frutícola y producción lechera al estilo neozelandés renuevan Los Ríos y Los Lagos

Marzo 5, 2018

El precio de la tierra se duplicó en los últimos cinco años. El alza de costos obliga a los agricultores a ser más eficientes en los cultivos tradicionales y buscar nuevos rubros, como los cerezos. Una de sus grandes ventajas es la cultura asociativa, que ayuda a bajar costos y mejora la capacidad de negociación de los agricultores. 

La luna de miel de Felipe Anguita Hermosilla y Josefina Avilés, su esposa, incluyó un viaje al otro lado del Pacífico. Tuvo un par de ingredientes extraños. En primer lugar fue más larga de lo usual: partió en octubre de 2009 y terminó a mediados de 2010. Lo segundo extraño: vacas.

Muchas vacas en realidad

Luego de casarse, Anguita, sociólogo de profesión y ex seleccionado nacional de ski, partió a Hamilton, en la Isla Norte de Nueva Zelandia. Allí trabajó como ordeñador. Su objetivo era ponerse al día en las últimas técnicas de los oceánicos. La luna de miel lechera debía terminar con un tour por el Sudeste Asiático.

El viaje fue parte de una tradición familiar. En 1997, Felipe Anguita Garretón, su padre, viajó a Nueva Zelandia. Luego de una vida trabajando como ingeniero en el sector minero, había comprado un campo de cerca de 300 hectáreas entre Paillaco y Futrono que tenía 70 vacas lecheras. Una parte importante del terreno, eso sí, estaba dedicado a la explotación maderera. El ingeniero averiguó que en Nueva Zelandia estaban los productores más eficientes de leche en el mundo, por lo que organizó una visita técnica de dos semanas por predios de ese país. Volvió convencido de implantar la producción lechera estacional en praderas, el modelo neozelandés, en el sur de Chile. Desde ese momento se instaló la costumbre de que un integrante de la familia visitara Nueva Zelandia, cada dos años, para ponerse al día de las últimas novedades productivas.

Felipe, el hijo, ahora está a cargo del día a día del campo. Lo que partió como un modelo exótico, el estacional de praderas, hoy se está haciendo cada vez más común en las regiones de Los Ríos y Los Lagos.

La introducción del estilo neozelandés no fue simple. Significó modificar desde el pastoreo a la genética de las vacas, hasta cambiar la mentalidad de los trabajadores. El objetivo final es producir la mayor cantidad de sólidos en la leche por hectárea.

Aunque el campo luce pastos altos, ramoneados en forma pareja y verdes, no todo es pradera. Los Anguita dejaron espacios protegidos del tupido bosque nativo original.

-En Los Ríos y Los Lagos está una de las mejores zonas del mundo para producir leche en forma estacional en base a praderas. Es el sistema más barato y que requiere menos insumos externos. Eso es importante, porque le da sustentabilidad económica y ambiental a la lechería -sostiene Felipe Anguita Hermosilla.

Como forma de mejorar la calidad de vida de los 10 trabajadores del campo, organizaron un club deportivo con personalidad jurídica propia, cancha de tenis y clases con un entrenador de acondicionamiento físico.

El enfoque de los Anguita les ha permitido un sostenido crecimiento agrícola. Ya van en las 1.200 vacas en ordeña y cerraron 2017 con una producción total de cinco millones de litros de leche, que entregan a la Cooperativa Agrícola y Lechera de La Unión, Colún.

A poco más de una hora del campo de los Anguita, en San José de la Mariquina, en el límite norte de la Región de Los Ríos, el paisaje es muy distinto. En el valle llueve casi un tercio menos de lo que cae en Futrono y las temperaturas, gracias a la cercanía con el mar, son menos extremas. Cultivos anuales, como el trigo o las papas, disputan terreno con plantaciones de arándanos y avellano europeo. También están presentes los bosques industriales.

Sebastián Walker está probando agregar otro rubro a San José de la Mariquina. A fines de invierno, plantó 20 hectáreas de cerezos en lo que eran potreros destinados a cultivos anuales. Para el próximo año va a plantar otras 10 hectáreas más de ese frutal.

Para Walker, quien también es campeón de rodeo, el microclima del valle, debería convertirlo en un espacio natural de expansión para la producción frutícola proveniente de la zona central.

-Acá podemos salir después de la zona central, pero antes que las nuevas plantaciones de cerezos en Osorno. Es una nueva opción productiva para la zona -afirma el nuevo fruticultor.

Christopher Reckmann ha sido testigo del interés de los inversionistas por proyectos cereceros en Los Ríos y Los Lagos.

“Lo que limita un crecimiento más rápido es la disponibilidad de plantas de buena calidad. Nosotros logramos, por un tema climático, unas cerezas más firmes y frescas”.

Luis Alberto Seinz es uno de los pioneros de la actividad frutícola sureña. Desde 1988 es gerente de Agrícola Ñancul en Río Bueno y cree que el boom de plantaciones traerá aparejado un cambio social importante en la zona.

“La producción lechera es muy importante acá, pero ocupa muy pocas personas por unidad productiva. En cambio, la fruticultura es muy intensiva en mano de obra”, sostiene Seinz.

El agro de las regiones de Los Ríos y Los Lagos, separadas en 2007, se está modernizando y diversificando. Tiene un motor bastante potente para la aceleración. La zona es el corazón de la industria lechera nacional, cerca de ocho de cada diez litros producidos en Chile viene de esa zona. El ganado de ambas regiones, reconocido por su alta calidad, ahora se exporta a destinos como China y Turquía, sin olvidar a los países latinoamericanos.

A eso se añade la posibilidad que se abre para la producción frutícola. Se espera que solo en 2018 se planten cerca de 700 hectáreas de cerezos en Los Ríos y Los Lagos.

PRECIO DE LA TIERRA SE DUPLICA EN CINCO AÑOS

Eduardo Schwerter se sienta en un restaurante de Puerto Varas. Es una parada en medio de un día de reuniones. Schwerter es presidente de Agrollanquihue y gasta buena parte de su semana visitando a los socios. El lago Llanquihue está a su espalda. Un grupo de turistas se baja de un bus e ingresa a almorzar.

-Acá tenemos una situación que no se da en otras partes de Chile. La actividad agrícola tiene que competir con el turismo. Parece que todos quieren tener una parcelita con vista a un lago. En los últimos cinco años el precio de la tierra se ha duplicado -advierte el líder gremial.

El panorama se repite en Futrono, Máfil o Río Bueno.

No solo se trata de la proliferación de parcelas de agrado. Inversionistas nacionales y extranjeros están invirtiendo fuerte en la zona.

-En la producción lechera hay un potencial interesante de crecimiento. Eso explica movimientos de empresarios como Nicolás Ibáñez, que entró a la propiedad de Manuka, una gran productora. Las condiciones productivas son buenas en esa zona y el valor de la tierra, aunque ha subido, todavía no llega a niveles de países competidores, como Nueva Zelandia -sostiene Michael Wallace.

El área cercana a Osorno, así como en Río Bueno y San José de la Mariquina, por otro lado, viven la presión de inversionistas frutícolas de la zona central.

-Es un paso natural para ellos crecer hacia el sur, les ayuda a ampliar su ventana de producción. Tienen el conocimiento del rubro frutícola y los capitales necesarios, algo vital pues se requiere una inversión alta por hectárea -sostiene Sebastián Walker.

La presión del valor de la tierra ha tenido un efecto importante a la hora de decidir si mantenerse o no como agricultores. La tentación de vender y tomar las ganancias obtenidas por la plusvalía de los terrenos es fuerte, sobre todo cuando sale la generación más antigua propietaria del terreno.

A eso hay que agregar, en el caso de los lecheros, que los precios pagados a los productores pasaron por un par de años de precios bajos, aunque comenzó a recuperarse de forma significativa a partir de fines del año pasado, gracias a una activación de la demanda china.

Schwerter explica que en un reciente catastro entre sus socios detectaron que se habían cerrado veinticinco lecherías en los últimos cinco años en Llanquihue y sus alrededores. La producción de leche, en todo caso, se ha mantenido. La explicación pasa por una mayor eficiencia y productividad de los lecheros que se quedan.

ATRAER A LOS JÓVENES

Cristián Niklitschek no necesita sacar una hoja para hablar de los números de su negocio. Tampoco prender el computador. Recita los litros de leches producidos en 2007: 1.170.000. En 2016 la cifra llegó a 3.832.500 de litros.

Una pizarra en su oficina tiene registrada una década de crecimiento. Al principio de ese período estaba en las 171 vacas en producción, el año pasado lo cerró con 550 vacas.

A un costado de su oficina, que es poco más que un pizarrón y una mesa, se divisa una moderna sala de ordeña. Puede atender 200 vacas por hora.

-La lechería no es un rubro de números espectaculares. Uno aspira a precios mejores, pero es clave la gestión -sostiene Niklitschek.

Es parte de la cuarta generación de agricultores. Con sus hermanos, Erich y Marco, tomaron el control de la empresa familiar, pero decidieron darle un manejo acorde a los nuevos tiempos. Las inversiones se han hecho en base a endeudamiento bancario y los ingresos del propio campo lechero del sector El Torreón en la comuna de Los Muermos.

La gestión se lleva al detalle. El comportamiento de cada potrero del predio, los Niklitschek también producen forraje y papas, se lleva a números. Los problemas y las buenas prácticas saltan rápidamente a la vista.

-Nuestro objetivo es pasarle esta empresa a la quinta generación. Las compañías familiares son tremendos motores de la vida rural y agrícola -afirma Niklitschek.

Atraer a las nuevas generaciones al agro y retenerlos en zonas rurales es uno de los grandes desafíos de la zona. La tasa de desocupación en Los Ríos y Los Lagos está en torno al 4,5%, una de las más bajas del país.

-Tenemos una competencia muy fuerte por los jóvenes con la industria salmonera, especialmente ahora que ellos están recuperando su producción -reconoce Eduardo Schwerter.

Jaime Oyarzún, pequeño productor lechero de Caracol Alto en Los Muermos, concuerda con la preocupación por la incorporación de nuevas generaciones de agricultores.

-He hablado con la gente de Indap para que exista una línea de financiamiento para jóvenes. El paso de una generación a otra es difícil, pues a los más viejos les cuesta retirarse. Las nuevas generaciones necesitan un poco de capital para partir -sostiene Oyarzún.

MECANIZACIÓN Y MEJOR MANO DE OBRA

La máquina tiene cerca de dos pisos de altura. Es de última generación y sirve para manejar con un mínimo de personas campos dedicados al trigo, la avena y el raps.

La mole tecnológica es un motivo de orgullo, pero también de preocupación para Patricio Avilés. Los cuatro hermanos que forman parte de Agrícola Avilés siembran casi dos mil hectáreas de cultivos anuales en Río Bueno. También producen cerca de dos millones de litros de leche. Muy jóvenes tuvieron que hacerse cargo de las labores agrícolas para ayudarle a su madre viuda.

-El agro sureño se transformó. Hay mucha tecnificación. No se corresponde a la imagen de una actividad tradicional que puede tener alguien. Los márgenes son estrechos y el valor de la tierra ha subido bastante; quien no es eficiente sale del mercado -afirma Patricio Avilés.

El agricultor explica que cuando partió trabajando, se podía ser rentable en el trigo con 70 a 80 quintales por hectárea. Hoy afirma que el piso para mantenerse en el negocio está en torno a los 100 a 120 quintales de trigo por hectárea. Para lograrlo es clave mecanizar lo más posible para bajar el costo de producción.

-El uso de maquinaria tiene una ventaja adicional. Con la tecnología haces menos pesadas las tareas y atraes a jóvenes más preparados, que ganan mejores ingresos. No puedes pasarle un equipo de tan alta tecnología a cualquiera, es una inversión muy grande -sostiene Patricio Avilés.

Eso sí, según Avilés, para los agricultores sureños se abre un ciclo de consumo de tecnología similar al de los celulares. Cada año aparece nueva maquinaria, más sofisticada y que permite mejorar la producción, pero que obliga a hacer una constante y alta inversión.

Un poco más al sur, Eduardo Von Conta no tiene grandes maquinarias en sus campos. Sin embargo, la preocupación por mejorar la productividad sí está presente. Von Conta es uno de los mayores productores de carne vacuna del país y se mueve constantemente entre una decena de predios en torno a Osorno.

-Con un buen manejo, se puede duplicar la producción de carne y pasar a 800 kilos por hectárea -dice Von Conta.

El ganadero toma su camioneta para mostrar el fundo Maile. El campo está divido en grandes potreros separados por profundas y anchas zanjas. Esos trabajos permiten drenar la superficie y evitar que se apocen las lluvias. En unidades más pequeñas, de cinco a siete hectáreas, pastan 20 a 25 animales. Von Conta explica que así los trabajadores tienen un mejor control y se evita que algunos animales coman más que el resto.

La alimentación se hace en base a praderas, con un patio central bajo techo para entregar alimentos suplementarios.

Eduardo von Conta explica que, en todo caso, hay un elemento que está en la base de todas esas mejoras.

Muestra las casas de los trabajadores. Son modernas construcciones de madera, cada una rodeada con un amplio terreno cercado.

-Los trabajadores no solo necesitan ganar bien, sino también tener buenas condiciones de vida. Solo así se logra el compromiso necesario para tener una alta producción -sostiene el ganadero.

Con una cesantía baja y la llegada de nuevas ofertas de trabajo agrícola, la rápida mejora de las condiciones de trabajo está transformando radicalmente las relaciones laborales en sectores rurales de Los Ríos y Los Lagos.

Cristián Niklitschek explica que en su lechería agregaron una nueva variable de ingresos para los ordeñadores. Las empresas procesadoras pagan un premio por la calidad de leche que reciben. Un porcentaje importante de ese bono va al bolsillo de los trabajadores.

-Nos dimos cuenta de que la mayoría de los factores que aseguran la calidad depende de los ordeñadores. Ahora pasaron a ser más bien socios de nuestro proyecto. Se preocupan por mejorar permanentemente los resultados -explica.

El productor lechero afirma que hoy un ordeñador puede ganar entre 600 mil y 800 mil pesos mensuales. Casi el doble de lo que ganaría una persona con un grado similar de capacitación en la ciudad.

En San José de la Mariquina, Marcelo Hoffmann y su socio Javier Külmer optaron por la especialización para mejorar la rentabilidad de sus campos. Productores de cultivos anuales, desde el 2000 se especializaron en la reproducción de semillas certificadas, gracias a convenios con un par de obtentores.

Hoffmann y Külmer detectaron que la necesidad de mejorar la productividad obligaba a los agricultores a usar semillas de mejor calidad.

“La agricultura en nuestra zona ya no es un estilo de vida, eso ha cambiado. Con los costos actuales hay que ser muy profesional y especializado”, afirma Marcelo Hoffmann.

ALZA DE LA ASOCIATIVIDAD

El agro de la Región de Los Ríos y Los Lagos vive otra revolución, aunque menos visible que la de la mecanización y de los cambios laborales. En niveles impensados en otras regiones, los productores se están asociando con diversos grados de formalidad para comprar insumos y negociar la entrega de su materia prima a los poderes compradores.

La cultura asociativa es una herencia del negocio lechero. En el pináculo está el ejemplo de la Cooperativa Agrícola y Lechera de La Unión, Colún.

Por ejemplo, Cristián Niklitschek se integró el año pasado a Futurolac, una empresa que gestiona la venta de 85 millones de litros de leche.

Jaime Oyarzún explica que forma parte de una asociación de 130 pequeños productores de leche en Los Muermos. La producción promedio está en torno los 20 mil litros. Juntos, eso sí, la historia es distinta. Los dirigentes del grupo negocian unidos la venta en contratos de largo plazo los casi 5 millones de litros que producen al año. Hace un par de años optaron por moverse de poder comprador y su materia prima ahora va a una procesadora de Chiloé, de la que representan el 20% de sus proveedores.

-Si cada uno estuviera solo, difícilmente podríamos sobrevivir. Sin embargo, juntos tenemos un poder de negociación importante. No solo logramos un mejor precio por litro, sino que hemos ido obteniendo mejoras en infraestructura y en la forma de recolectar la leche, evitando pérdidas -sostiene Oyarzún.

Fuente: Revista del Campo

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