Miércoles 15 de Agosto de 2018

Agricultura informática, la nueva realidad del campo

Abril 30, 2018

A nivel de automatización, existen nuevos emprendimientos en términos de gestión de las empresas, robótica y modelos de predicción de cosechas, pero la falta de profesionales capacitados para desarrollar soluciones locales es una limitante, aun cuando Chile podría ser un polo de creación de tecnologías agrícolas.

Los cinco minutos que dura en YouTube el video del proyecto japonés Techno Farm, perteneciente a la compañía Spread, parecen el trailer de una película de ciencia ficción. En un edificio ubicado en Kioto, en forma completamente automatizada, sin la ayuda de personas, se producen 21 mil lechugas hidropónicas diarias, con luz artificial, que distribuyen por todo el país, con el modelo de una granja vertical.

Los brazos robóticos toman bandejas con pequeñas lechugas y las transportan, cosechan y embalan con mayor precisión que los seres humanos, reduciendo el costo laboral en 50%. Y, como si fuera poco, reciclan casi toda el agua del proceso, no utilizan plaguicidas y disminuyen el costo de energía en 30% con el uso de técnicas de iluminación LED.

Es uno de los ejemplos más avanzados que existen sobre producción automática de alimentos y, aunque dista de la realidad de buena parte del mundo, refleja las tendencias que hoy marcan la pauta en la agricultura, como la búsqueda de una mayor productividad, reducción de costos, sustentabilidad y automatización de los procesos, todo con un menor impacto en el medio ambiente.

En Chile, los avances hacia la automatización corren por varios carriles, como la gestión más autónoma de las empresas agrícolas, el uso de la agricultura de precisión para tomar decisiones y predecir resultados, y la implementación de soluciones robóticas para suplir la escasez de mano de obra, tanto en los campos como en los packings.

“Lo que más se ha ocupado en automatización es en la parte industrial, en los packings y bodegas, porque es muy fácil ver los retornos y porque se requiere de mucha mano de obra y no hay gente. Pero el pariente pobre sigue siendo el campo”, comenta el director nacional de agricultura de precisión del INIA, Stanley Best.

Pese a su especialidad, aclara que la automatización del sector no pasa solo por la llamada agricultura de precisión -que se enfoca, principalmente, en hacer una gestión productiva variable dentro de un campo- sino que el concepto actual es más amplio y se acerca más a la agricultura informática o a avanzar hacia las llamadas “granjas del futuro”, para decisiones a partir de los datos y no solo de la observación.

SOLUCIONES CON ROBOTS

Uno de los principales desafíos que tiene Chile para crear soluciones robóticas es su geografía, ya que, a diferencia de países como Argentina o Brasil, no existen grandes extensiones planas que faciliten el trabajo automático de las máquinas, sino que pendientes y laderas que las complican. Y, por otro lado, está la especialización en distintos rubros por región, lo que implica pensar en soluciones mucho más específicas.

“Estamos trabajando en cómo podemos vencer el derrapamiento en las pendientes de las montañas de Chile, ya estamos solicitando patentes para ver cómo podemos tener maquinarias que se puedan mover de manera eficiente considerando los terrenos chilenos”, explica Fernando Auat, investigador del Centro Avanzado de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, AC3E, de la U. Federico Santa María, que tiene el único programa especializado en robótica aplicada a la agricultura del país.

Para desarrollar robots, explica que los productores deben olvidar la idea de un humanoide podando o cosechando frutas, por ejemplo, y concentrarse en cómo una nueva máquina puede reemplazar labores puntuales para facilitar el trabajo de las personas.

“Hicimos un experimento donde medimos la pérdida de tiempo y el cansancio que implicaba la cosecha de paltas, desde que la persona saca la fruta, la guarda y la lleva hasta el punto donde se juntan todas las paltas… Si tuvieras un robot al lado de ese trabajador solo para trasladar las paltas, habría una eficiencia enorme. Entonces, hay que pensar en subtareas donde se pueda poner mano de obra robotizada para que las personas se dediquen a las labores más delicadas”, afirma.

En ese sentido, recalca que lo ideal es que las funciones que se van a reemplazar sean las más costosas para el proceso productivo y que sean efectivas en la práctica, porque si lograran crear un robot cosechador que cuesta US$ 1 millón, el tiempo que toma amortizar esa inversión puede hacer que no sea viable para un agricultor promedio.

De los siete años que lleva en Chile, dice que se ha sorprendido con la idea que tienen los productores de que lo hecho afuera es mejor, algo que a su juicio debería cambiar para potenciar los desarrollos locales.

“Somos capaces de hacer tecnología igual o mejor a la que viene de afuera, porque está pensada para nuestros desafíos. Hoy es el momento de la robótica y Chile tiene que aprovecharlo, porque tiene todo el potencial para convertirse en un proveedor de tecnología agrícola en la región”, asegura Fernando Auat, y comenta que algunos de sus ex alumnos ya están exportando tecnologías a países como Austria.

OPTIMIZAR LA GESTIÓN

La gestión autónoma de las empresas agrícolas también es un área en desarrollo.

En el caso de la empresa MegaAgro, lo que buscan es simplificar al máximo el ingreso de la información por parte de distintas áreas, que se replican en forma automática dentro del sistema, permitiendo generar informes en tiempo real para los gerentes.

“Con cuatro registros, que son los de mano de obra, maquinarias, insumos e ingresos de las facturas de compras y boletas de honorarios, se puede tener el costo de un cuartel”, explica Loreto Valenzuela, product manager de MegaAgro, y agrega que en el caso de las compañías de mayor tamaño se pueden incorporar las áreas de packing, contabilidad y exportación, si se requiere.

Con esa información, el software registra las actividades diarias en distintas áreas y permite obtener informes de costos por huerto, variedad, especie, cuartel y otras variables, además de reportes diarios de cosecha, presupuestos y estados de resultados.

Sin embargo, una de las claves para el éxito del sistema es que los usuarios ingresen los datos a tiempo, lo que sigue dependiendo de las personas, aunque se puede hacer de distintas maneras.

“MegaAgro permite ingresar los datos a mano, a través de códigos de barra y lectores o transfiriendo planillas Excel, y también genera informes sobre qué tan al día va el ingreso de los datos, para tener un control sobre eso”, detalla Loreto Valenzuela, sobre un sistema que funciona alojado en la nube, con un servidor independiente para cada empresa.

INFORMACIÓN SIMPLIFICADA Y PREDICCIÓN

Cuando llevaba casi diez años trabajando como académico en agricultura de precisión, Rodrigo Ortega decidió abrir su propia empresa, ya que la serie de publicaciones científicas y pruebas de laboratorio no estaban llamando la atención de los productores y morían en una biblioteca.

En 2004 formó NeoAg, utilizando las herramientas que existían en ese momento, como fotografías satelitales y mapeos de suelos para obtener información, lo que ha sofisticado con la masificación de los drones, los sensores de distinto tipo y la mayor capacidad para procesar datos de los computadores. Algo que lejos de facilitarle el trabajo, lo ha vuelto más complejo.

“La capacidad de recolección, almacenamiento y procesamiento de datos ha crecido exponencialmente, por lo que tenemos muchos más números e imágenes con mayor resolución, lo que nos significa mucho más trabajo de análisis que hace 15 años, y el gran desafío de transformarlos en algo útil para el productor, que es lo más difícil de lograr actualmente”, comenta.

En ese sentido, dice que con su empresa busca diferenciar los datos de la información, para que los agricultores reciban una recomendación o informe procesado, que se pueda adoptar rápidamente o tomar una decisión a tiempo a partir de ella.

“Una de las áreas más importantes hoy es la predicción de rendimientos, donde estimamos los rendimientos de cada cuartel con 60 a 120 días de anticipación, para la planificación de las cosechas”, explica Rodrigo Ortega.

Otro servicio demandado es la información relacionada con el manejo de nutrición de los cultivos y el monitoreo aéreo de canopias, que utilizan las empresas proveedoras de agroquímicos para probar nuevos productos, y con esa herramienta comparar sus resultados frente a otras alternativas.

Si bien al principio le costó abrirse paso entre los productores, Rodrigo Ortega comenta que ya internacionalizó su empresa, con una filial en Colombia, NeoAg Colombia, donde se ha especializado en soluciones de precisión para la industria de las flores, y actualmente también está trabajando en Perú.

Fuente: Revista del Campo

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