Miércoles 26 de Septiempre de 2018

Se complica exportación para uvas tradicionales por arribo de nuevas variedades hacia EE.UU

Diciembre 12, 2017

Expertos advierten que la producción de menores calibres de Flame, Thomson y Superior está viendo restringida su comercialización con el arribo de vides de mayor tamaño y guarda. Coinciden en que en la zona se debe comenzar a realizar un proceso de recambio para lograr competir en mejores condiciones.

El mercado internacional para los envíos de uva de mesa ha ido cambiando en los últimos años. Históricamente, la producción local llegaba a su principal destino, Estados Unidos, en contraestación, lo que de alguna manera garantizaba la demanda y buenos precios. Sin embargo, la irrupción de nuevas variedades, de mejor calibre y mayor guarda, estaría complicando este escenario.

Prueba de ello fue lo que aconteció en la temporada 2016-2017, catalogada por los productores regionales como la peor de las últimas 4 décadas, llegando los valores a niveles mínimos, lo que, según señalaron, les permitió salvaguardar con suerte los gastos de la cosecha

¿Las razones? vid regional se adelantó y se juntó en Norteamérica con el stock que aún mantenía ese país. Se sumaron además los envíos del Perú, que se han transformado en una fuerte competencia. La sobreoferta hizo que el precio por caja se fuera al suelo.

Se estima que hoy en día existen más de 100  de estas nuevas variedades. Entre sus principales atributos se cuenta que tienen un calibre y aspecto mucho mejor, que tienen mayor resistencia y por tanto se pueden trasladar por amplias distancias sin ningún problema. Es posible guardarlas en frigoríficos por entre 90 y 100 días, lo que las ha vuelto las preferidas de los compradores.

SE COMPLICA EL MERCADO PARA ANTIGUAS VARIEDADES.  El primer efecto que ha tenido el arribo de estas especies es que las tradicionales variedades que existen en la zona, Thomson (sultanina); Superior, Perlette y sobre todo Flame, estén viendo limitado su mercado lo que, a juicio del agricultor limarino, Alfonso Artigues, podría desencadenar una crisis en el futuro.

“La gente que tiene estas variedades está corriendo un riesgo bastante importante”, advierte, pues explica que los americanos ya las remplazaron y están produciendo uvas mucho más tempranas “y de una mejor calidad, entonces, se les está acabando un buen poco el mercado”.

Señala que él ha hecho personalmente visitas a ese país en las cuales ya se le ha informado que los supermercados no están comprando ese tipo de uva “de hecho yo tengo algunas de esas y ya me dijeron que no me la iban a recibir”.

Lo preocupante, agrega, es que existen productores pequeños de las zonas interiores de Elqui y Limarí que mantienen estas especies. “La única posibilidad que tiene esta uva de venderse más o menos bien es si se ha hecho un trabajo muy especial para que se dé grande” pero la que no esté bien trabajada, que sea mediana o chica “no tiene ninguna posibilidad de llegar a Estados Unidos y si llegan pueden perder mucha plata”, anota.

El productor enfatiza que “eso yo lo tengo comprobado”, pues ha sostenido muchas reuniones con gente de distintas empresas “y ya sabemos nosotros que el mercado para esas variedades se está acabando”.

Artigues sostiene que este puede ser este el último año en que tengan la posibilidad de entrar, de manera que el negocio siga siendo rentable “pero en el futuro se ve muy complicado y esa gente si no renueva sus parrones por otras variedades van a quedar fuera de mercado, porque no van a tener precio ni a quien vendérsela”.

“Esto no es invento mío”, precisa, pues indica que todas las informaciones que han tenido de gente que viene de Estados Unidos o técnicos de Chile y manejan el mercado “nos lo vienen diciendo ya hace 2 o 3 años, pero los agricultores todavía no nos convencemos y creemos que hay para un año más. Ese riesgo lo están corriendo sobre todo los pequeños, lo que preocupa mucho”, acentúa.

Así también lo ratifica Floridor Pinto, productor del valle de Elqui, quien indica que efectivamente hay variedades que ya van a empezar a sufrir “porque resisten poco almacenarla y poderla guardar y son de calibres bajos. Estas son precisamente las variedades que predominan en la región”.

El agricultor señala que esto no quiere decir que ya no tengan mercado “pero si usted tiene una uva de 24 o 26 mm de diámetro y llega una con 18 o 20 mm todos van a preferir la otra”. Aparte de eso, dice, antiguamente cuando llegaban a ese país no había producto en el mercado, porque ellos terminaban su cosecha en el mes de agosto o septiembre. “Hoy tienen variedades que cosechan incluso en el mes de octubre y eso lo meten a frigoríficos y puede durarles 90 días, hasta enero” y cuando llega la uva chilena “tiene que competir con este producto que tiene una presentación mucho mejor”.

RECONVERSIÓN: LA ALTERNATIVA. Según el Catastro Frutícola elaborado el 2015 por el Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren), del ministerio de Agricultura, en la región de Coquimbo existen 1.473, 9 hectáreas plantadas de Thomson seedles y 2.384,5 hectáreas de Flame. La producción de calibre medio y pequeño de ésta última sería la que tendría más complicaciones en el exterior, por lo cual no sería menor el efecto que este escenario podría tener en la industria local.

Los especialistas advierten que dada esta situación, en la zona se debe comenzar a generar un proceso de recambio, para permitir el ingreso de estas nuevas especies, de manera que puedan competir en este complicado mercado.

Juan Carlos Sepúlveda, gerente general de la Federación de Productores de Frutas de Chile (Fedefruta) es enfático en señalar que “está claro que hay que apuntar a la reconversión”. Tiene que ver incluso con un tema de aumento de producción, argumenta, porque actualmente con las variedades tradicionales el rendimiento es cercano a las 1.500 cajas por hectárea “y con los precios que tenemos en los últimos años es imposible, ni con 2 mil cajas”. Por ello, dice, se debe apostar a éstas variedades que pueden entregar incluso entre 3.000 a 3.500 cajas hacia arriba “y tienen un precio más atractivo en los mercados internacionales”.

El Presidente de la Asociación de Exportadores de Frutas de Chile (ASOEX), Ronald Bown coincide con este planteamiento. “La industria chilena de la uva de mesa ya está apostando a la reconversión, es decir, es una tendencia que llegó para quedarse”, afirma.

Sostiene que la lógica es que se comience a optar por estas nuevas variedades, pues poseen mayor productividad,  calibre, calidad y sabor “además ya cuentan con  aceptación por parte de los mercados internacionales y de los consumidores”.

Ya hay algunos productores de la zona que han tomado conciencia de esto e iniciaron este recambio. El propio Alfonso Artigues cuenta que decidió arrancar las denominadas “tempranas” para la plantación de estas nuevas especies.

Lo propio ha hecho Floridor Pinto, quien reconoce que esta reconversión no es una cosa que se pueda hacer de un día para otro “pero yo creo que todos los agricultores están cambiándose de a poco”.

En su empresa, indica, se han puesto un plazo de 3 años para terminar con toda las especies antiguas. “Esto es lo que va a permitir la continuidad de este negocio”.

AGRICULTORES PEQUEÑOS. El problema, manifiestan los especialistas, estará en los agricultores pequeños, porque este proceso de transformación no se da de un día para otro y además trae costos asociados que son importantes.

“Esto debe estar en conocimiento de las autoridades, en vías de apoyar la reconversión del sector, porque es un hecho ya que esto va a dar seguridad, estabilidad”, sostiene Floridor Pinto, quien además es recalca que “en la región debe partirse cuanto antes, cualquier reconversión no es una cosa que se pueda hacer en un año, hay que hacer un plan que pueda ser en el tiempo, a 3 o 4 años”.

Plantea que no es que se piense que variedades como Flame, Thomson o Superior, vayan a desaparecer de un día para otro “pero sin duda se va a volver más complicado”.

Lo que ocurrió en la temporada pasada puede dar luces de esto, agrega, pues “la nuestra era una uva muy chica y la de ellos maravillosa, teníamos todas las de perder y perdimos”. La única solución visible sería la reconversión “porque se compite de manera más segura, con un producto de similares condiciones”.

Juan Carlos Sepúlveda explica que de las 48.200 hectáreas existentes de uva de mesa en Chile, hay un porcentaje muy bajo de nuevas variedades, apenas un 6%. “Eso tiene que cambiar”.

Son 300 las hectáreas plantadas y que han tenido retornos bastante mejores que las variedades tradicionales. “Tiene que haber un recambio con portainjertos, cosa de obtener mayores rendimientos, una mejor calidad de fruta, una mejor post cosecha y un mejor precio, es lo que los supermercados las están pidiendo”.

Reconoce que en el caso de los pequeños no será fácil “cuesta, porque hay que preparar el suelo, plantar, cambiar los sistemas de conducción muchas veces, hay que comprar especies que están protegidas y que son más caras que las tradicionales”.

Por esta razón, como entidad han estado realizando actividades para informar a los productores de este nuevo escenario y buscando herramientas de apoyo. “Hemos sensibilizado a los bancos señalándoles que este es un  muy buen negocio, primero que todo porque tienen garantías, la tierra tiene permanentemente una plusvalía”.

Opciones existen, precisa, pero para eso el agricultor debe contar con los papeles, el proyecto, el registro de su campo. “En este momento ellos (bancos) poseen recursos y están ávidos por colocarlos,  lo importante es hacer un proyecto bueno y trabajar bien para que no solamente sea un negocio para el banco sino que sea rentable para el productor”.

Por su parte, Ronald Bown es de la idea de que se debería  generar algún sistema de apoyo (como por ejemplo a través de INDAP o CORFO) para que los pequeños productores puedan reconvertir sus huertos “aunque sabemos que también  están haciendo los esfuerzos por el recambio varietal, ya que es una buena forma de poder mejorar los resultados de sus campos”.

PLANTAS DE ALTO VALOR Y CON ROYALTY. Hay conciencia de que se debe apuntar a renovar las plantaciones, sin embargo, una de las trabas con las que se podrían encontrar es el alto valor de estas nuevas variedades y que tendrían además un royalty asociado.

Juan Carlos Sepúlveda señala que estiman que el costo por hectárea oscila entre los 30 y 40 mil dólares por hectárea, dependiendo de los trabajos que se tengan que hacer. Aunque recalca que se debe ver como una inversión a largo plazo, puesto que los retornos futuros que puede tener una mayor cantidad de producción y con mejor precio puede compensar.

VARIEDAD CHILENA, RESULTADOS PROBADOS

Pero hay una buena noticia para los productores locales. INIA Intihuasi, a través de su programa de mejoramiento genético, creó una nueva especie que está siendo muy valorada y que ya ha tenido muy buenos resultados en los mercados internacionales.

Hasta el año pasado se conocía como INIA Grape One, pero ahora se le cambió el nombre por uno comercial, Mylen, que en dialecto mapudungún significa princesa.

Antonio Ibacache, subdirector del centro experimental del INIA en Vicuña e investigador en viticultura, explica que es una especie que tiene amplias ventajas. Manifiesta que una variedad tradicional en el norte produce del orden de las 2 mil a 2.200 cajas por hectárea y el potencial de ésta son 3.200 3.500 cajas por hectárea. “Además la calidad de los racimos es mejor, las bayas son de mayor tamaño, no tiene problemas de color, es negro azulado, muy atractivo y lo adquiere de forma natural sin ningún problema”.

Otra característica muy importante es que tiene una excelente vida de post cosecha, por lo tanto puede acceder a mercados muy distantes, específicamente el Asia, China, Corea. “Pueden mantenerse en muy buenas condiciones hasta 90 o 100 días guardadas en frío”.

Lo relevante es que ha sido probada con las condiciones climáticas de la región. Se está exportando hace 3 o 4 años y ya existen cerca de 60 hectáreas plantadas en la zona.

Lo que ha impedido su mayor masificación, agrega es precisamente porque existe la restricción de que tiene un royalty asociado. “El productor que quiera adquirir esta variedad tiene que de cierta forma comprar los derechos al sector privado. En este caso es un consorcio de productores privados que se llama Biofrutales”. Si bien es cierto el INIA generó la variedad, quienes la comercializan son ellos.

Las plantas deben ser adquiridas en los viveros autorizados y ellos venden la planta ya injertada, lista para colocarla en el campo. Demora 2 años en que comience a producir los primeros racimos.

Respecto de las posibilidades que existen de mejorar genéticamente variedades como Flame y Thomson, dice que de hecho en INIA está realizando este trabajo y que a través de portainjertos se puede lograr que tengan un mayor calibre y mayor cantidad de cajas por hectárea.  “Desde el punto de vista técnico es posible, el problema es más bien comercial, que no lleguen a tener mercado”, puntualiza.

MEJORES EXPECTATIVAS PARA ESTA TEMPORADA

En lo que también coinciden los actores de la industria es que esta temporada se ve con mucho mejores proyecciones que el año pasado.

Juan Carlos Sepúlveda adelanta que, por la información que existe, hay menos frutas en stock en el mercado de Estado Unidos. “Además que la calidad, la cantidad y la condición de nuestra fruta se aprecia bastante mejor que el año pasado, principalmente en los volúmenes, tanto de las uvas blancas, rojas y negras”, precisa.

Respecto de un posible sobre stock, indica que en los mercados de EE.UU se está acabando y ya no hay uva roja “blanca todavía tienen algo, pero cuando lleguemos nosotros esperamos tener un mercado atractivo”.

Así también lo cree el presidente de Asoex, Ronald Bown. “Esta temporada se visualiza, hasta el momento, mejor, debido a la buena calidad de la fruta y los mayores volúmenes”. Agrega que en el caso general de la industria se estima una exportación de 94 a 95 millones de cajas.

Entre los agricultores locales también existe optimismo. María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte (SAN) expresa que “la temporada se ve buena” aunque de igual forma se mantienen expectantes a lo que pueda ocurrir, sobre todo en materia de comercialización y teniendo en cuenta también lo que pueda hacer Perú.

“Tiene que ir avanzando la temporada para ir mirando y ver qué está pasando. Estamos expectantes. Está difícil, pero tenemos confianza”.

Por su parte, Alfonso Artigues indica que “yo estoy bien optimista, porque el clima se ha prestado, hay agua, están todas las condiciones dadas para que sea un buen año de producción”.

Eso no significa que esto les asegure buenos retornos, dice, pero a lo menos pueden aspirar a que sea una temporada normal. “La cosecha viene un poco tardía, pero eso incluso beneficia, porque no nos juntamos con los peruanos, que nos tienen un poco saturado el mercado para las uvas más tempranas”.

A eso se suma las señales que da la uva americana. “Se está vendiendo bien, han mejorado los precios y en la medida que mejoren los precios de ellos también mejoran los nuestros”, plantea el agricultor limarino.

Para Floridor Pinto, el que la temporada en la región esté retrasada entre 10 y 15 días también podría considerarse como un factor a favor “porque permite que la fruta nuestra llegue cuando esté más descongestionado el mercado americano”.

Así se evita, dice, lo que ocurrió el año pasado “que cuando llegó la fruta nuestra se produjo un taco inmenso, porque los peruanos y los norteamericanos estaban allá y eso provocó el desastre que vimos”. Recalca que “ahora esperamos una temporada normal, los stock son similares a los del año pasado, pero como estamos atrasados se supone que vamos a llegar a un mercado con menos fruta”, puntualiza.

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