Miércoles 26 de Septiempre de 2018

La Región Metropolitana aspira a ser la surtidora de hortalizas para el continente

Diciembre 18, 2017

Pese a representar solo el 2,1% del territorio nacional, en ella se produce un tercio de las hortalizas y el 18% de la fruta del país. Sus agricultores insisten en que hay tierras para seguir creciendo, pero como en el resto del país, el principal desafío es el acceso al agua, el avance inmobiliario y plagas como el chinche africano. Además, ha aparecido una nueva amenaza: la delincuencia y el robo.

A veces el tamaño no importa en términos de tierras agrícolas. Hasta antes de que se creara la Región de Ñuble, la Metropolitana era la región más pequeña del país en términos de superficie. Con poco más de 15 mil kilómetros cuadrados concentra casi más del 40% de población del país, pero solo el 2,1% del territorio nacional.

Sin embargo, eso es suficiente para que esta región sea responsable de un tercio de todas las hortalizas producidas en el país y del 18% de la producción frutícola. Más específicamente, se cultiva el 80% de las espinacas, el 60% del brócoli y el 50% de las cebollas tempranas. El clima mediterráneo, sus fértiles valles abundantes en materia orgánica y la extensa cuenca del río Maipo hacen estas tierras especialmente aptas para obtener altos rendimientos agrícolas. Si a eso se suma un invierno con un buen régimen de lluvias, el resultado es ideal.

Y este año esas condiciones hídricas y de temperaturas han sido las adecuadas. Eso lleva a que, casi en forma unánime, los agricultores de la zona entrevistados se muestran optimistas con los resultados de este año. No solo llovió lo suficiente para garantizar el riego, sino que las cosechas han sido muy productivas, los precios están en un nivel mejor que en períodos anteriores y para los exportadores, el precio del dólar juega a su favor.

Pero eso es lo de este año. Los productores no se quedan en eso: aspiran a seguir creciendo. Los productores de hortalizas creen que Chile pueden convertirse en el saladbowl de Sudamérica, así como España lo es para Europa y California para Estados Unidos. Y los fruteros están cambiando cultivos por productos con mayor productividad, pasando de la uva de mesa a los nogales.

Y creen que están las condiciones: dicen que aún hay tierras que se pueden cultivar. Pero casi como una repetición de lo que ocurre en el resto del país, el principal desafío es el agua. Por ello, para poder concretar lo que creen es un tremendo potencial, piden más inversiones en infraestructura para embalsar agua, disminuir el avance inmobiliario en los terrenos agrícolas, atacar plagas como el chinche africano y combatir el robo que afecta de manera creciente a algunos agricultores.

EL RESPLAnDOR DE LAS HORTALIZAS

Cristián Muñoz, presidente de Hortach, entidad que agrupa a los productores de hortalizas, se muestra optimista. “Nuestra visión es positiva respecto de las hortalizas. En términos climáticos para poder producir hemos tenido un buen régimen de lluvia y eso colaboró con que tengamos agua en las principales zonas donde estamos produciendo, como Lampa y Colina”, asegura.

Su optimismo no es solo por la temporada.

“Somos un país bendito, tenemos un clima excepcional, recursos hídricos excepcionales con una tremenda cordillera que nutre de agua de norte a sur al país, aunque la desperdiciamos. Tenemos un potencial tremendo para crecer, nuestros agricultores son de clase mundial. España es el salad bowl de Europa y Chile, con todo el potencial climático que tiene, es un mercado de oportunidades, estacional. Tiene un clima igual al de California, tal vez con más recursos hídricos, y California es el salad bowl de Estados Unidos, entonces ¿por qué Chile no puede ser el salad bowl de Sudamérica. Podemos llegar a Brasil, Argentina, Colombia, Ecuador y Perú con algunas especies”, afirma.

Agrega que países como Perú, pese a que no tienen el clima de Chile, avanzan a pasos agigantados y nos ganan en muchos cultivos hortícolas que no hemos desarrollado porque nos faltan las herramientas. “El potencial existe. Los agricultores están. Las ganas de trabajar están. Pero faltan políticas públicas, tener un plan país para el desarrollo hortícola que trascienda los gobiernos de cuatro años y sea un plan de Estado que permanezca en el tiempo”, enfatiza.

Hoy en día, la exportación de hortalizas se reduce a cebollas, ajos y radichios, pero Muñoz cree que se puede aspirar a más. Afirma que a raíz de la entrada en vigencia de la Ley de Inocuidad Alimentaria por parte del gobierno de Estados Unidos, en enero del próximo año, se abre una oportunidad para esta industria.

“Como gremio aspiramos a que la autoridad genere nuevas políticas públicas y que se haga un trabajo en todas las instituciones que tienen que ver con el agro para que la inocuidad alimentaria forme parte de un eje central de la agricultura del país. Esto va a permitir que las hortalizas pasen del nivel en que están ahora a uno de clase mundial, como la fruta, que da clase a toda la agricultura en Chile. Las hortalizas se ha quedado muy atrás y la forma en que nos podemos poner pantalones largos es enfocándonos en la inocuidad alimentaria, porque eso va a gatillar la internacionalización de las hortalizas”, sostiene con entusiasmo.

Pero para ello hay varias barreras que cruzar.

Una es aumentar la superficie plantada. Afirma que hay zonas en Tiltil, Colina y la cuesta de Chacabuco donde se pueden ocupar los lomajes. “Actualmente, las hortalizas se plantan en terrenos planos, pero si uno va a California, Italia o España se da cuenta de que ocupan los lomajes para plantar y, por lo tanto, acá hay muchos suelos que se pueden ocupar”.

El problema es dotar de riego a dicho terrenos. Y para ello nuevamente apela a una política de Estado. “Yo le preguntaría a un israelí cómo utilizamos el agua y el suelo. Es abrumador para ellos”, reclama.

Luis Schmidt, actual presidente de Fedefruta, sí les preguntó a los israelíes. Lo hizo el año 2005, cuando estaba a la cabeza de la Sociedad Nacional de Agricultura y contrató a un grupo de expertos para que vinieran al país. “Estuvieron entre 2 y 3 meses, y la gran conclusión a la que llegaron es que Chile no tiene problemas de agua y que el 80% la bota al mar. ‘Llámennos cuando sí tengan problemas’, me dijeron”.

El cambio climático es otro obstáculo que se debe enfrentar. Muñoz dice que el tema ya está internalizado y que ello ha causado que algunos agricultores cambien sus cultivos.

“Producir lechugas en la zona metropolitana en verano se ha hecho muy difícil porque con el calor la floración se produce muy rápido y no se obtienen la calidad que el mercado necesita. Las temperaturas alta favorece la floración prematura de muchas especies y eso ocasiona un trastorno de especies que antes cultivábamos en tal fecha y que ya no es posible. Algunas veces los rendimientos bajan y se hace imposible seguir cultivando, tales como repollos, brócolis y coliflores”, explica.

Pedro Escobar es dueño de Huertos Carolina, el cual posee cultivos en Lampa, Colina y María Pinto, principalmente lechugas, zanahorias, espinacas, acelgas y repollos. Afirma que este año ha sido muy bueno para sus cosechas y que las lluvias fueron bienvenidas.

Sin embargo, afirma que el cambio climático se debe tomar en cuenta pues ha modificado las estaciones produce un efecto negativo en los cultivos. “Hubo un exceso de calor al inicio de la primavera, y luego frío y eso desestabiliza las plantas, las vuelve locas porque una planta al ser sometida al estrés de temperatura inmediatamente trata, por autosustentación, de emitir semillas lo antes posible y eso genera que la planta no sirva para el propósito que estaba destinada, que es consumirla en estado fresco. Hay un efecto en la productividad, lo hemos experimentado porque las distintas variedades, de invierno, de media estación y verano, se comportan de manera anómala con los excesos de calor o de baja de temperatura”, explica.

Para combatir este problema dice que siempre están probando con los semilleros distintas variedades que se vayan adaptando a los cambios y a las diferentes pestes.

Este último tema es especialmente sensible en el mundo hortícola. Según explica Muñoz, la zona se ha visto atacada por el chinche africano, una plaga que el año pasado apareció por primera vez causando estragos en diversas hortalizas.

“Cada vez la zona se hace más árida y eso permite que las plagas ataquen con mayor fuerza, como el chinche africano. Esta es una plaga que ataca transversalmente a todas las especies, es polífaga, se adapta donde encuentra un huésped y allí come y se alimenta. Los cultivos principales que afecta son arúgula y las crucíferas, como repollo y coliflor, y lechugas”.

Pedro Escobar afirma que esta plaga los atacó el verano pasado, pero que ahora ha reaparecido con menos agresividad.

En gran parte se debe a que el SAG se preocupó de hacer un seguimiento y control fitosanitario para detenerla, sostiene. Pero advierte que a mayor temperatura es más alta la probabilidad de que reaparezca.

LA SED DE CRECER DE LOS FRUTALES

A nivel de frutales, el chinche africano no ha representado un problema. Pero ellos tienen otros inconvenientes que los afectan.

Ricardo Ariztía Tagle es dueño de 2.000 hectáreas en la zona de María Pinto donde el 40% está plantado con nogales, el 30% con paltos y el otro 30% con cítricos.

Ciento por ciento tecnificado, el fundo está bañado por el canal Mercedes, que proviene del río Mapocho, y por pozos profundos. Ariztía se muestra optimista con la temporada. “Hemos tenido un año normal en términos de clima, un buen precio de la fruta y un buen valor del tipo de cambio. Eso es muy relevante si consideramos que el 90% de las ventas en este sector es en dólares y el 90% de los costos es en pesos”, puntualiza.

El follaje abundante de nogales, paltos y cítricos cargados de frutos en proceso de maduración dan cuenta de la bonanza con que se espera esta temporada.

Pero más allá de esto, Ariztía cree que el país y la región pueden dar más. El primer desafío, dice, es aumentar la capacidad de almacenamiento de agua. “Y eso no es para regar lo que ya tenemos, sino para aumentar el terreno cultivable, porque Chile tiene un enorme potencial de crecimiento”, dice.

Lo ejemplifica con un simple ejercicio matemático. Dice que como trabaja con caudales instantáneos, si necesita un litro de agua por segundo en diciembre para regar, lo saca y lo ocupa, pero desde mayo a agosto no ocupa el agua y esta termina perdiéndose en el mar.

“Si yo almacenara ese litro por segundo podría triplicar las hectáreas regadas ya que un litro por segundo equivale a 33 mil metros cúbicos anuales y una hectárea ocupa entre 8 y 10 metros cúbicos. Es decir, hay 23 mil metros cúbicos que se van al mar”.

Afirma que la mayoría de los embalses actuales fueron hechos en los años 50 y 60, y que ahora es Perú el que lleva la delantera en esta materia. Coincide con Cristián Muñoz en que tiene que haber una política de Estado respecto del riego y uso del agua. Para ello saca a colación el proyecto de construir una carretera hídrica que permita duplicar el terreno regado en el país.

Luis Schmidt también concuerda.

“Con todas esas hectáreas extras podríamos atender a China, ahora que pasamos a ser el mayor exportador de fruta a ese país. Si queremos seguir siendo un referente como el mayor exportador de fruta del hemisferio sur nos vamos a tener que preocupar de este tipo de problemas. Ya no solo se trata de mejoramiento en el manejo del agua, sino de nuevas obras de infraestructura, desalinización de aguas, carreteras hídricas, todo con tal de aumentar la superficie regada del país. Tenemos fruta de calidad y una demanda creciente, ¿cómo es posible entonces que no nos preocupemos del tema más importante de la agricultura que es el agua”, concluye.

En esa línea, la discusión del Código de Aguas es un tema que preocupa al sector porque, aseguran, no existe claridad respecto de la tenencia de los derechos actuales. Ricardo Ariztía dice que la preocupación está instalada. “Se han armado megareuniones para informar sobre este tema y si el agua pasa al Estado cambia la configuración. Los agricultores no somos personas que queramos tener el agua para especular, la usamos para regar y esta ley está mal enfocada y nos afecta a todos”.

Jorge Renz, dueño y administrador de un campo de 80 hectáreas en el sector de Mallarauco donde cultiva almendros y cítricos, también afirma que el tema del agua es algo que les preocupa. Cuentan con un sistema de riego altamente tecnificado, con sensores de humedad e irrigación y con estaciones hidrológicas en sus terrenos. Señala que, en general, no han tenido problema con el recurso en los últimos años. Sin embargo, antes tenía paltos y ha tenido que arrancarlos porque estos necesitan más agua y ya no alcanza. “A todos los productores nos molesta la reforma al Código de Aguas porque nos expropian el agua. Sin agua no se produce nada. Es como si te quitarán la tierra y te dejaran la casa, ¿dónde vives entonces?”.

Otra inquietud de este productor dice relación con la formulación de una ley laboral agrícola para velar por la contratación de mano de obra. La idea es que sea más flexible.

La escasez de mano de obra en el sector agrícola está siendo solventada desde hace unos 5 años por inmigrantes, según cuentan los productores. En la mayoría de los casos hay buenas experiencias al respecto y muchos rescatan la labor de los haitianos como buenos trabajadores y con mucha disposición a realizar sus tareas.

Sin embargo, la queja apunta a que muchos de estos trabajadores no tienen permisos para trabajar y no quieren arriesgarse a contratar a alguien y después recibir una multa de la Dirección del Trabajo.

“La mano de obra en Chile escasea cada vez más”, se queja Cristián Muñoz, y agrega que cada vez hay menos gente joven que quiera participar del negocio y del trabajo agrícola. “Faltan temporeros, pero eso se ha visto suplido por exportación de mano de obra de Haití, Perú, Colombia, Bolivia, incluso de Venezuela. Actualmente, el porcentaje de contratación de extranjeros que permite la ley es de 15%, con la nueva ley se llegará al 25%, pero nosotros pedimos el 30% y pensamos que ese porcentaje no afecta la mano de obra nacional”.

Ricardo Ariztía no contrata temporeros ya que dada la naturaleza de sus cultivos, puede tener una planta fija durante todo el año. Su inquietud va más bien por desarrollar programas de capacitación para fortalecer las áreas blandas de sus trabajadores y así enfrentar problemas de drogadicción y alcoholismo, fomentar la paternidad responsable y explicarles los beneficios del trabajo. “Para eso, lo trabajamos con obra de teatro. Contratamos a profesionales del área, les decimos el tema que queremos tratar y ellos montan una obra que se presenta ante todos los trabajadores. Tiene un enorme efecto, la gente queda para adentro, es algo que les llega de verdad”, afirma.

LOS TRES DESAFíOS DE LOS PEQUEÑOS

En esta región hay más de 5.300 pequeños agricultores, la mayoría dedicados a la horticultura y a la ganadería.

Christian Suárez, director regional de Indap, saca cuentas alegres y dice que ha sido un año bueno para sus usuarios en términos de agua y que en general el precio de los productos cultivados ha estado bueno. Para él, son tres los desafíos que hay que enfrentar. El primero es el creciente desinterés de los jóvenes por seguir en el campo. Afirma que actualmente la edad promedio de un usuario Indap es de 57 años y que los jóvenes se están yendo del campo.

“Nuestro desafío es que ningún joven que viva en una zona rural se tenga que ir a Santiago. Para ello hemos implementado un programa piloto donde financiamos proyectos para jóvenes en conjunto con los centros de desarrollo de Sercotec, que entregan asesorías y apoyo a micro y pequeños empresarios de forma gratuita para que puedan emprender. Nosotros tomamos a los jóvenes y los ayudamos a desarrollar su plan de negocios y después hacemos un concurso donde presentan su plan y los financiamos con montos de hasta 5 millones de pesos. Este año ya han participado 25 jóvenes y se han entregado 65 millones de pesos”, detalla.

El segundo desafío es aumentar el uso eficiente del agua. Suárez dice que hay poca agua y que es casi un delito que se pierda, así que están ayudando a los pequeños agricultores a tecnificar sus cultivos en conjunto con la CNR. Actualmente, el 15% de los pequeños cuenta con riego tecnificado. Y van por más. Existe un proyecto de tecnificación mediante el uso de paneles solares para tener energía con la cual bombear agua. Indap financia el 90% de estos proyectos con un tope de $8 millones. La inversión en este rubro es de mil millones de pesos anuales.

La CNR, por su parte, ha implementado un proyecto de agricultura familiar que contempla un presupuesto de $70 mil millones.

Pero más allá de eso, también están tratando de cambiar la mentalidad de los pequeños agricultores en temas como el cambio climático. “La mayoría está acostumbrado a las hortalizas y cuesta que entiendan que ahora les conviene plantar nogales, por ejemplo. Acá no se ha dado el cambio de cultivos a otros que sean más beneficiosos en términos de productividad”, afirma Suárez.

El tercer desafío es el de la comercialización. Los intermediarios disminuyen la rentabilidad de los negocios de los pequeños agricultores, dice Suárez. “Han pasado 50 años de la reforma agraria y lo que pidió Eduardo Frei cuanto la dictó es que se ayudara a los pequeños agricultores. Se ha avanzado muy poco en el tema de la comercialización”, sostiene. La buena noticia es que en marzo entrará en funcionamiento un convenio con la Junaeb que le exige a un tercio de sus proveedores comprar el 15% de sus necesidades de verduras a los pequeños productores.

Suárez cuenta que también hay conversaciones con el terminal de Lo Valledor para dotar a unos 100 productores de un espacio propio para comercializar sus productos.

La meta de ayudar a los pequeños a vender sus productos se está dando, pero la tarea es ardua. Son pequeños, pero producen mucho. Según cuenta Suárez, el año 2014 se hizo un estudio de compras públicas y se calculó qué pasaría si todas las necesidades del Estado en términos de productos agrícolas, ya sea en hospitales, cárceles, colegios y un sinfín de instituciones, se hiciera a los pequeños agrícolas. El resultado arrojó que con ello se ocuparía solo el 8% de la producción de los pequeños agricultores del país.

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