Miércoles 24 de Abril de 2019

En el ADN de Jorge Valenzuela, presidente de Fedefruta

Marzo 30, 2019

Con la historia de su padre detrás, hoy Jorge Valenzuela se dedica a la producción de plantas y frutales y continúa con su rol gremial a través de la presidencia de Fedefruta. La genética agrícola destaca en su trayectoria. Reportaje de Revista Mundo Agro.

En distintas especies y ya hace algunos años es común escuchar acerca del recambio varietal, una medida necesaria tanto por rendimientos, como por cumplir con las exigencias de los mercados de destino. En este camino el principal punto para la industria pasa entonces por la genética, por lo que los viveros se transforman en el eslabón primordial. Así lo entendió hace años atrás Jorge Valenzuela Trebilcock, ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile y MBA de la Adolfo Ibáñez, quien al momento de optar por un sector en el que iniciarse en el mundo agrícola, lo hizo precisamente por los viveros. Y es que una vez más se impuso la relevancia de la genética, esta vez también familiar.

La crianza del actual presidente de Fedefruta fue en torno a la agricultura y en especial, a la fruta. Si bien sus abuelos provenían de este mundo, fue su padre Jorge Valenzuela Barnech, quien dejó un legado en su hijo, pero también en el rubro nacional. “Siempre he estado metido en la fruta”, indica al recordar la trayectoria de su padre: Tras titularse en 1965 como ingeniero agrónomo de la Universidad de Chile, en 1968 se trasladó a Estados Unidos donde realizó estudios de postgrado en fruticultura y fisiología en la Universidad de Maine. Con el paso del tiempo se desempeñó en INIA, entidad de la que llegó a ser director y donde estuvo a cargo del área de frutales. Incluso fue quien desarrolló la Iniagrape-one, la única variedad chilena de uva de mesa, conocida comercialmente como Maylen.

Con estos antecedentes detrás, corría el año 1998 cuando Jorge Valenzuela se unió con Cristián Pérez, y en un juego de palabras con sus apellidos, crearon Agrícola Perval. Pero esta sociedad fue más allá y unos años después dieron vida al Vivero Nueva Vid. Por qué me metí en los viveros, se cuestiona. La respuesta pasa por el momento que vivía la industria, la que debía empezar a cambiar. Esta modificación venía por el lado de los viveros, dado que eran los encargados de mostrar las novedades que existían para el sector. Pero en ese entonces el principal problema que se afrontaba no pasaba por las nuevas variedades, sino que por el replante. Esto se aplicaba precisamente a la uva de mesa, especie en la que se especializa Nueva Vid. “En esa época se estaba hablando de que la uva de mesa se tenía que empezar a replantar con porta injerto. No se tocaba el tema de variedades nuevas, eran como un sueño lejano, pero sí se decía que Chile tenía un problema de replante. Los huertos ya estaban obsoletos en el año 2000, las producciones eran negativas para las necesidades, el número no daba por lo que había que plantar parrones nuevos. Este había que replantarlo con porta injerto y esa técnica en Chile no estaba desarrollada. Por ahí nació la inquietud, hagamos Nueva Vid, metámonos en injertar, en armar plantas nuevas como una posibilidad de negocio”, recuerda sobre sus inicios en el rubro y los de la compañía, una que define como cercana a los agricultores.

Ambos socios son productores, por lo que conocen las necesidades de éstos y los momentos en que se enfrentan a ciertas dificultades por lo que han sido muy prácticos en ofrecer las soluciones. “Desde el día que decidimos meternos en los porta injertos hemos estado en la primera línea tecnológica. Comenzamos con los porta injertos, después la técnica se desarrolló, se maduró y se trabajó técnicamente en todo el país. Sin este desarrollo probablemente estaríamos en un proyecto con malos rendimientos”, comenta y añade que posteriormente comenzaron con las variedades nuevas y programas genéticos para así poder realizar un aporte a la industria.

La misma necesidad en cuanto a porta injertos visualizó hace 15 años atrás en las plantas de nogales, lo que lo llevó a crear Agrícola Natividad, un vivero enfocado en dicho cultivo.

Una nueva producción

En la Sexta Región, específicamente en Malloa, es donde Jorge Valenzuela posee todas sus producciones, una zona que se caracteriza por sus buenas condiciones edafoclimáticas y por la posibilidad de entregar fruta anticipada. Estos aspectos fueron los que hicieron que hace unos cinco años se asociara con Jaime Carvajal, un gran productor de cerezas que buscaba productos tempranos. Se unieron los dos mundos y surgió Agrícola Carahue, entidad que comenzó con seis hectáreas y hoy ya tiene 30 con una producción estimada al cierre de este año de 80 mil kilos.

Si bien su tradición ha estado marcada por la producción de plantas, en el caso de las cerezas no apunta a contar con un vivero propio. En estos términos se han enfocado particularmente en la uva de mesa y por ello buscan especializarse cada día más en esta especie, la que define como un mundo en sí mismo, dado la cantidad de variedades y programas genéticos que existen. De esta manera los planes para las cerezas pasan por aumentar la superficie, mejorar la productividad y alcanzar entre los 300 y 350 mil kilos.

Hoy en día las hectáreas de Agrícola Carahue son ocupadas por las variedades Santina, Lapins y Frisco, las que exportan a través de un grupo que integran Agrícola Garcés, David Del Curto y Frugal. Como en toda esta especie el mercado objetivo es China, un destino que a juicio de Valenzuela está recién comenzando.

“Yo creo que la marca cereza chilena está puesta en el mercado chino. Después de haber estado en Chile China Week uno se da cuenta que tenemos espacio y mucho trabajo por delante. Tenemos que hacer una mejor promoción de nuestras cerezas porque la marca está instalada en su ADN, la cereza la relacionan con Chile; por lo tanto ahí tenemos que seguir trabajando”, indica y añade que las labores se deben enfocar en las ciudades interiores de este país, zonas con unos 15 millones de habitantes.

Pero además se trata de un destino que en el tiempo ha cambiado la dinámica de compra de esta fruta, ya que les gusta adquirirla de manera directa al productor y así conocerlo más. Es un acercamiento que a juicio de Valenzuela hace que el productor chileno tome mayor consciencia acerca de las necesidades del mercado, sabe que debe trabajar bien y preocuparse de la calidad e inocuidad. “Chile se diferencia de la competencia, por lo menos en Latinoamérica, por su seguridad alimentaria. Hemos avanzado un montón pero nos queda mucho por hacer. La inocuidad es una marca país que tenemos que cuidar, promover y hacer crecer”, destaca.

Entre las características que buscan estos consumidores menciona los calibres Jumbo y Extra Jumbo, algo para lo que se debe trabajar, pero que a la vez abre la posibilidad de buscar nuevos destinos de exportación.

Sudeste Asiático, una nueva oportunidad

En una hectárea siempre existe una distribución por lo que no se contará con el 100% de la fruta de un súper calibre. Ese es el punto que precisamente Valenzuela busca trabajar haciendo promoción y analizando en qué mercado tiene lugar la fruta de menor tamaño, dado que igualmente se trata de un producto de buen sabor y calidad.

Allí es donde vuelve a escucharse el potencial del Sudeste Asiático, donde el actual presidente de Fedefruta ve una tremenda oportunidad. “Son mercados que están creciendo, que no tienen cereza dentro de su portafolio de producción y que tienen el mismo interés que los chinos por este tipo de fruta”, indica.

Malasia, Vietnam, Indonesia y Tailandia son destinos que define como un complemento de China y que analizan con buenos ojos. Incluso son mercados que formarán parte de los ejes de Fedefruta.

Toda esta fruta, independiente del calibre y de su destino debe cumplir con una buena calidad, un aspecto que hace que Chile mantenga una preciada posición en los mercados. Para ello algo primordial es el uso de la tecnología, donde el riego cumple un importante rol.

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