Domingo 26 de Mayo de 2019

El caso MiFruta: Disciplina para abordar la nueva genética

Marzo 5, 2019

“La nueva genética, bien pensada y trabajada, junto con la asociatividad de los productores y la utilización de redes, marcan una diferencia importante en la rentabilidad de un proyecto”, comenta Jorge Valenzuela, presidente de Fedefruta, en Revista del Campo. “No permitamos que sea un solo caso “adelantado a su tiempo”, ya que este cambio hay que hacerlo ahora y con todos”.

La columna del presidente del gremio, a continuación:

Hace unos días tuvimos el gusto de visitar los huertos y packing de una exportadora que ha consolidado un nuevo modelo de negocios en la uva de mesa, ligado a la asociatividad de pequeños fruticultores, acceso a redes, financiamiento y nuevas tecnologías, a la producción y exportación directa de nuevas variedades, al acercamiento a mercados y consumidores bajo el sello de Comercio Justo, y -en definitiva- a mayores márgenes de rentabilidad.

La empresa MiFruta, que reúne a 19 pequeños agricultores de San Felipe y Los Andes, ha trabajado con muchísima disciplina y constancia en este proyecto asociativo que hemos articulado con Corfo, reconvirtiendo sus huertos a la uva de nicho Maylen, la primera variedad desarrollada en Chile por el INIA y con el apoyo de Biofrutales. Y ha logrado tener presencia en mercados tan exigentes como Reino Unidos, Estados Unidos, China, Corea y pronto Japón, con resultados que, como nos dijeron, son similares a los precios de otras variedades negras como la Autumn Royal.

No solo han sido constantes, sino además innovadores, pues también se han adentrado en otros negocios como la pasa, que con esta variedad antes conocida como INIAgrape-one, obtiene grandes resultados y concitan el interés de destinos incluso como Medio Oriente.

El hecho es que todo este trabajo de casi 10 años de MiFruta, con nueva genética y acceso directo a mercados bajo el exigente pero atractivo sello de Comercio Justo, ha generado una rentabilidad que reafirma que este es el camino. Es más, cada peso invertido en este proyecto asociativo, ha generado retornos por 27,2 pesos, a costa de pura disciplina e innovación. Qué decir de la tasa de reconversión que estos productores manejan, que en algunos casos llega al 35% de sus hectáreas al año, replantando con sus ojos siempre colocados en los consumidores.

Ahora, desde una mirada más macro del fenómeno de esta variedad chilena, el trabajo con la INIAgrape-one o Maylen ha sido larguísimo, pero ya podemos proyectar una meta cercana al millón de cajas exportadas esta temporada. Y el crecimiento se sustenta, ya que si el 2013 había plantadas apenas 29 hectáreas comerciales, en la actualidad hay 375 desde Atacama hasta O’Higgins, y se esperan que otras 100 más entren muy pronto en producción.

Con esto queremos dar a entender que la nueva genética, bien pensada y trabajada, junto con la asociatividad de los productores y la utilización de redes, marcan una diferencia importante en la rentabilidad de un proyecto. No permitamos que sea un solo caso “adelantado a su tiempo”, ya que este cambio hay que hacerlo ahora y con todos.

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